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EL
NIDO DE LOS PADRINOS.
La
casa era de paja, con algunas paredes podridas a través de las
cuales se podía divisar el exterior. Luna, de ocho años,
y Samuel de cuatro, dormían en el mismo camastro, mejor dicho,
nido, en el que la madrina Mandinga, una gorriona muy sabia, pues conocía
todos los idiomas del mundo, y las ecuaciones matemáticas, les
había tendido con sábanas de algodón.
El compadre Pichongo, el gorrión más trabajador de toda
la campiña cubana, se había levantado muy temprano con
ánimos de recoger con su pico los granos de café que se
desprendían de los árboles, y ya esperaba a sus ahijados
en los sembradíos.
-¡Arriba, niños, que ya es muy tarde! canturreó
la gorriona Mandinga.
-¡Las once! ¿Y todavía mis primos no se han despertado?
se desgañitó Poliedro, el pichón hijo mayor
de Mandinga y Pichongo- Y yo que pensaba llevármelos al cafetal,
para que nos ayudaran a amontonar las posturas secas.
-¡Ya abrimos los ojos!- dijo Samuelito mientras Luna aún
bostezaba con los párpados pegados del sueño.
Desayunaron platanitos maduros, sorbos de leche con gofio, y después
masticaron hierbabuena para lavarse los dientes.
ÁMBAR,
LA NIÑA DEL GALLO.
En
el trayecto, aún medio soñolientos, se cruzaron con Ámbar,
la niña del gallo. Iba muy elegante, con un vestido rojo encendido
de cuello blanco redondo, la cabellera negra alisada y anudada con un
lazo ligero. Por supuesto, cargaba en sus brazos a Solito, el gallo,
cuya cresta se confundía con el color punzó de la bata.
-¿Por qué no te embullas y vienes a aprender cómo
trabajan el café los adultos y los niños en el campo,
y luego jugamos? invitó Poliedro.
-Hoy es mi cumpleaños, querido gorrioncito, no puedo mancharme
la ropa porque mi abuela me regañaría. Y tú sabes
que yo trabajo siempre, con mi madre, recogiendo papas. Hoy es mi fiesta...
¿Ustedes vendrán? Hemos invitado a todo el caserío.
-¡Iremos, claro que iremos! De súbito Luna se entusiasmó
por asistir a un cumpleaños de una niña campesina, Samuel
y ella eran niños de ciudad.
-¡Habrá guateque, no se lo pierdan! voceó
Ámbar mientras se alejaba saltando muy contenta- ¡Ah, cuidado
con los Ladrones de Recuerdos! Busquen a Kalista Caramelo, ellas le
mostrará el camino para evitarlos.
El primo gorrión se puso a temblar de miedo, el pico le castañeteaba.
-¡Los Ladrones de Recuerdos, qué miedo! Son seres extraños
de sonrisas cuadradas, y ojos delirantes en forma picúa, rayados
en rojo. Son hipnotizadores que con la yema de los dedos colocadas en
las cabezas absorben el pasado y el conocimiento de las personas. A
los animales nos fumigan sin piedad. No soportan a las aves, ni los
bosques, detestan las plantas de café.
KALISTA CARAMELO, ADIVINADORA.
Kalista
Caramelo apareció en un claro del monte. Acudió a pasos
largos, y a cada tramo que ganaba creaba una especie de parque imaginario
donde existían árboles que daban a un tiempo manzanas
y peras, entre otras locuras, como por ejemplo, delfines voladores.
Kalista Caramelo tenía el cuerpo en forma de bombón, y
el pelo tan largo que se lo pisaba cuando caminaba. Decían que
había sido una princesa obesa y bondadosa del medioevo, que era
inmortal gracias a un hechizo y de haber bebido un biberón de
cincuenta toneladas de batido de mamey. Al reparar en las caras angustiadas
de Poliedro, Luna y Samuelito, intentó tranquilizarlos:
-Tomen el trillo de azúcar, y no vayan a confundirse con el trillo
de azufre! Son del mismo blanco brillante, como la nieve; existen ambos,
tan iguales, para eso, para engañar a los visitantes. Poliedro,
tú que puedes volar puedes ir delante para impedir sorpresas
peligrosas. Los Ladrones de Recuerdos han regresado muy hambrientos,
sin compasión. Hallarán delante de la Puerta de Caca
la barrera que pusieron los Ladrones de Recuerdos- a mi hermana Elocuencia
Sombrero de Humo, ella sabrá cómo hacerlos pasar al otro
lado, al cafetal, sin tener que ensuciarse atravesando la maligna puerta
pestilente.
Luna apretó la mano de Samuelito:
-Mejor volvemos a casa, al nido de nuestra madrina.
-No hay escapatoria. Todos los caminos han sido borrados por sus aliados
los Borradores de Sensaciones. Les aconsejo continúen sólo
ustedes podrán salvar a los campesinos atrapados en las plantaciones
de café, pues ellos sí han sucumbido al olvido, prisioneros
de los malvados, rodeados por los laberintos de muros de carbón
que construyen los Ladrones de Recuerdos con fragmentos de sentidos
y de presentimientos quemados.
Poliedro se echó a llorar, no sólo su padre, el compadre
Pichongo, se hallaba allí; también sus hermanos, y sus
tíos y primos. Samuelito se secó los mocos con el dorso
de la mano y muy valiente tiró por la punta de la bata a Luna.
-Debemos ayudarle. y avanzó decidido.
El día se nubló y empezó a caer una lluvia muy
fina que fue emborronando a Kalista Caramelo, la adivinadora, pues en
realidad eso era ella: Un dibujo revelador que podía transformarse
en charco colorido de aguacero y renacer de nuevo auxiliada por los
resplandores solares con sus formas habituales, además de que
predecía los acontecimientos leyendo en las hojas de las plantas
de café.
-Estoy segura, -afirmó mientras su cuerpo de miel se derretía-
ustedes son los destinados a evitar la gran desgracia; que todos nos
convirtamos en fantasmas desmemoriados.
Especial
para TBT - París-2001
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