Encampanado en la vejez
y en el aprendizaje de la muerte
lujosamente triste y exterior
inscribo en el espacio
este reclamo terco.

Soy pobre y sin habilidades
présbite y rencoroso
tengo miedo
un miedo esencial y permanente.

Me dejo seducir por las traiciones
soy un orfebre de las pesadillas
y tengo un expediente policial
donde aparezco
de joven
entre la servidumbre
con mis medallas de amanuense
mis insignias de colaborador
y de viejo
como agente enemigo.

Soy una metaforizador con propensión al llanto
que en vez de en un país
vive en un sueño.

Puedo ser tierno y elocuente
y entonces aprovecho para bautizar
los desastres con nombres de mujer.

Consigo ser grato y enojoso
administro un señorío ralo y bendito
donde se ha prohibido la felicidad y el escarmiento.