María Karla va de viaje
y aunque sabíamos que tenía que irse
y hemos preparado la despedida
la madre y yo
llevamos espejuelos oscuros a la fiesta.
A última hora
en un urgente maletín de niebla
le he puesto unos cántaros vacíos
una doble fila de oquedades
varios libros de versos
y una copia al papel carbón de mis fracasos.
Puse también
entre la confusión de los amores frágiles
unos retoños tiernos, vivos
y sin que nadie lo notara
—ni siquiera ella misma—
diseminé en el equipaje unas trampas
y un polvillo azul
que es un inofensivo coctel de odios y argucias.
Nunca es suficiente
lo que uno puede darle a un hijo para un viaje.
Confío en la bondad de la maleta
que prepara la madre
y en su bolso de mano
en la dulzura de su bolso de mano.
Adiós María Karla
Adiós y bienvenida.

Del libro inédito "Puente de guitarra".