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En
las mañanas la soledad es blanca
transparente huele a mar y a lluvias a lejanías. Tiene un sabor amargo sabor a rosas viejas y uno puede tocarla igual que a los recuerdos un árbol y sus hojas. De noche la soledad es niebla y está segura porque tiene el collar de la noche. De noche la soledad es música y asume la forma de la luna aunque también alumbra desde el lejano y raro temblor de las estrellas. Aúlla la soledad y ladra en las llanuras pasa como un huracanado pájaro nocturno como una nube un ovni o uno de esos aviones extraviados del que solo escuchamos ruido de los motores. Tiene nombre también tiene apellidos cara, complicaciones, otro amor sangre, mirada, manos, enfermedades hijos, penas, teléfono y distancia. Cuando está amaneciendo la soledad se esconde en la penumbra grave de la paloma y en el atardecer vuelve a la dolorosa oscuridad del cuervo. En el alba otra vez se integra al suave devenir del aire para que el solitario sepa que ha pasado otro día y que ella no es ni un estado de ánimo ni un sentimiento provisional sino una de las alternativas de la vida y el nombre propio del destino. Del libro inédito "Puente de Guitarra". |