El espejo de casa el implacable comenzó hace años a enviarme de regreso a los ojos con mi imagen matinal y devastada detalles del rostro de mi padre.
Eran visitas leves pero hermosas un goce adivinarlo en mi cara entre las láminas de agua y de jabón.
Este mes apareció también mi abuelo.
Ahora en la alborada y el espejo somos tres y nos miramos con cierto regocijo.