
| Ahora
me propongo perdonarlo todo para dejar limpio mi corazón cansado dispuesto solo a la fatiga del amor. Así es que los culpables directos de mis furias los arduos artesanos de mis penas son inocentes después que firme este poema. Nada tengo ya contra quienes usaron mi vida mi única y pobre vida pasajera para tocar la gloria y vivir en su vana geografía. Comprensión y complicidad ante las dulces muchachas trasvestidas de brujas que solían dejarme en la ciudad estrujando mi sombrero de paño. Absueltos los difamadores y los tontos olvidados los policías que me hostigaron borrados de la memoria los que asaltaron mi casa con una orden de registro. En un limbo de otra constelación el que firmó la orden y ordenó los castigos. Un poco mas allá el que hizo salir a mi hija Cristina de su patria y a mí de la razón. De estos miedos y esas ansiedades de esta estación de escombros y fulgores tienen la culpa los días de la semana. Esos lunes con filo de navaja los martes romos, neutrales y tenaces y el día miércoles con sus ínfulas de puente corroído. El jueves con cara de extranjero el viernes y sus ríos de vanidades el sábado traidor y encapotado. Los domingos pueriles y vacíos . Ellos son, seguramente, los culpables empecinados en la servidumbre del Padre Tiempo Eterno que hoy dispone mi vejez para que olvide. Raúl Rivero, poeta y periodista, de su libro inédito Puente de guitarra. Es director de la agencia de prensa independiente CubaPress. Reside en La Habana. Ilustración: Francis Bacon |