| Fui
un lobo alguna vez un lobo bueno escolta personal de la Caperucita y enemigo probado de los leñadores. Fui lobo mucho tiempo y cantábamos Caperucita Roja y yo cantábamos ¨Quién le tiene miedo al Wolf, miedo al Wolf, miedo al Wolf¨ porque éramos armónicos, bilingües, afinados y ella tocaba el piano. Nos queríamos hacíamos el amor en la cabaña de la abuela en pleno bosque con un cesto de mimbre sobre la mesa rústica que le daba a los besos un rumor de buñuelos. Fui un lobo enamorado sin instinto de lobo un animal de la tercera edad manso y tranquilo con ojos grandes, tristes, húmedos las uñas de las garras recortadas y limpias gris y brilloso el pelo rojo y acompasado el corazón sin furia. De paseo una tarde entre los árboles la niña se quitó la caperuza y corrió ante el leñador a denunciarme por bestia, por amor, por gusto, por hastío por los motivos que siempre proporcionan los misterios del alma. El hombre vino con unos cazadores vinieron a matarme y a fuego de lupana me mataron. VERSION LIBRE 2 No sé qué habrá pasado luego en la espesura. A lo mejor es muy feliz Caperucita Roja y uno de sus hombres conserva mi gran cabeza gris (estúpida, seca, la mirada de vidrio) en la pared a la derecha de la chimenea. Yo nunca me engañé Mi muerte ha sido siempre el final de este cuento. |