
| Abrígate,
Gladys que la muerte tiene los pies helados y una lágrima en la sien No bastarán tus rojos huesos para este viaje ni la saliva de tu corazón Date trato que hay lombrices añorando tus entrañas tus axilas luminosas tus rodillas que adivinan el país de los enanos Ve despacio no te olvides de marchar entre las tumbas no te canses y ojo con las hormigas que te deprimen con aquéllas que presienten tu color desde lejos tu color sin maquillaje, tus encías de viento tu cabello enjaulado que crece cuando ríes compañera de las horas golpeadas todo vale en esta noche sin orillas donde la eternidad pasa descalza entre tus muertos y tiene hambre de abrazarte porque sabe que tus gestos resucitan y se echan a volar sin despedirse y se pierden en la patria de los sueños y ya no vuelven Qué harás ahora sin ti sin tu esqueleto de pan mojado sin tus pechos que ladran de orgullo sin tus sábanas heridas ahora que la ausencia se desviste para otros qué harás bajo la tierra sin conocer a nadie Abrígate, Gladys y amarra bien tus cenízas por si te arrepientes |